jueves, 11 de febrero de 2010

El frío le lamió los pocos dedos que llevaba al descubierto. asomaban tímidamente por la manga larga del abrigo. Poco a poco aquella lengua invisible, pero insistente, empezó subir tiernamente por su Antebrazo y llego al hombro, produciendo un placentero escalofrío.


Le duele la nariz. Lleva desde el lunes acatarrada y la piel se resiente poco a poco debido a la abrasión de los pañuelos de papel. Parece que no pasase nada pero después de unos días atada por completo a esos tissues se le resiente la nariz. y la garganta también, pues ha tenido que cambiar la manera de respirar: ahora el aire penetra en ella por la boca. De una manera mas aleatoria y cuantiosa.

Extiende los dedos y se los ofrece a la intemperie. la manga del abrigo cede al deslizamiento encojiendose en el codo. Llena los pulmones con ese aire gélido que ha sobrevenido sorpresivaMente. Parece que el frío detenga el tiempo. se detiene a Pensar. Parece que el cuerpo se Alegre de que el oxigeno helado recorra todas las paredes que llenan su pecho.

Exhala despacio, como si tuviese miedo de que tiempo se acelerara de nuevo.
Donde podría refugiarse si la vorágine que la desorienta vuelve a azotarle el alma?

Saca la otra mano del bolsillo y en ella recoge la mano helada. No parece suya, parece de alguien ajeno, alguien que ya no esta. Absorta en ofrecer calor a esa mano helada, descuida que el frío aun no se ha ido.
Esta en todas partes.
Penetra en ella a través de sus orejas, de los huecos de su bufanda, de los puntos de lana del vestido que lleva, de las medias.

La envuelve por completo. lo siente.

Y de repente alza la vista. Ahí esta. El autobús numero 15.
se frota las manos, hace la señal pertinente y el conductor para el vehículo.
Cuando entra en el autobús la calefacción la abofeteA.

Que vivos nos mantiene en frío, piensa.

...y, sin embargo, como nos encoge.

No hay comentarios:

Publicar un comentario